Los dos años
Por: Dra. Silvia Medellín Puyou, especialista en psiquiatría infantil
¿Qué la pasó a mi angelito?. Antes era todo dulzura y de repente no deja de hacer berrinches por todo…
A los 2 años, es esperable que aquel pequeñito que antes obedecía fácilmente, de pronto se torne gritón, enojón y que a todo diga que no. Esta es la edad de los “berrinches” o “rabietas”. Los berrinches son normales a esta edad, de hecho, constituyen un paso importante en su desarrollo cognitivo. Se dan porque el niño quiere reafirmar su autonomía, es decir, logra darse cuenta que es capaz de pedir cosas, de manifestar sus deseos, de demandar atención. Pero al mismo tiempo, se da cuenta de que no es capaz de hacer muchas cosas como abrir cajones, armar algunos juguetes, conseguir dulces de una manera sencilla. Esto es doloroso o difícil para él. Y cuando sus deseos no se hacen realidad reaccionan con un berrinche.
Es frecuente que, para que el chico “no de más lata”, “deje de hacer ruido” o “para no hacer el ridículo” los padres ceden a la demanda del pequeño. Sin embargo, esto propicia que su hijo continúe haciendo berrinches, ya que se da cuenta que así logra obtener lo que quiere. Por eso, es importante que no ceda a sus demandas pero que sea flexible con las reglas que establezca en casa. Esto quiere decir que, entre más reglas y demandas establezca para el niño va a ser más difícil cumplirlas y hará berrinches con más frecuencia. Por ejemplo, si usted quiere que coma a cierta hora todos los días porque el resto de la familia a esa hora se sienta a la mesa, procure ceder un poco. Su hijo no tiene claro cómo pasa el tiempo y para él es más importante terminar un juego que comer a cierta hora. Sin embargo, si usted va al supermercado y él demanda que le compre algo, no ceda, aunque su hijo llore y grite. Si su berrinche es intolerable sepa retirarse de dicho sitio. Dígale a su hijo que hablará con él cuando este más tranquilo, y una vez que ceda el berrinche explique por qué no puede darle siempre lo que quiere, haciéndole ver que lo ama y que está de su lado. Nunca se ponga a discutir con sus hijos, no los rete ni les diga que son “necios o testarudos”. Esto puede agravar sus rabietas. Comprenda que para su hijo, tomar decisiones como la elección del circo o el parque, puede ser muy importante y causarle angustia. Su hijo no pretende lastimarlo o enojarlo, simplemente está creciendo. Hágale ver que lo ama y lo apoya, pero que no va a permitirle hacer berrinches.
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