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El desarrollo de los cinco sentidos OIDO
quinta parte

Por: Dr. Alfredo Ortíz Balbuena

 

Oído

En el vientre. El vientre materno no es un refugio silencioso, sino que, por el contrario, es un amplificador (el líquido amniótico triplica el volumen de los sonidos). Transmite constantemente el ritmo cardiaco, la respiración de la mama, el fluir de la sangre y los sonidos intestinales.

Es el denominado “universo sonoro” del niño, cuya intensidad alcanza picos de 15 decibelios (una vía intermedia entre el tic-tac de un reloj y el susurro de las hojas de los árboles), en el que no solo intervienen los sonidos internos sino también los que proceden del mundo exterior aunque atenuados. Analizando los movimientos fetales y la frecuencia cardiaca, se ha observado que el niño reacciona a los sonidos a partir de la semana 16, esto es mucho antes de que se desarrolle la estructura de la oreja, que ocurre aproximadamente a la semana 24. Una explicación a este hecho es que el feto logra advertir las vibraciones a través de la epidermis y de la estructura esquelética. Sin embargo en la segunda parte del embarazo, el pequeño muestra sus dotes más sorprendentes. Ya cuenta con la capacidad de distinguir los sonidos y memorizarlos, así como reconocer silabas diferentes. Una investigación francesa ha demostrado que si la mama, al hablarse, se dirige directamente a él, el pequeño reacciona con un aumento de las pulsaciones. Escuchar palabras cariñosas representa una emoción indispensable para su desarrollo cerebral, además de hacer más profunda la relación afectiva con la mamá.  En relación al papá, si este se acostumbra a hablar cerca del vientre materno, el pequeño también adquirirá confianza con su voz, y se creara un vínculo entre los tres antes de nacer.

Es importante que los estímulos sean constructivos y no desestabilizadores. Los ambientes ruidosos y caóticos se deben evitar, y, en cambio, se debe favorecer todo lo que comunica tranquilidad, placer y amor, como los tonos alegres o afectuosos de la voz humana. La música también le aporta grandes beneficios; cuando la escucha el niño parece flotar en el líquido amniótico, siguiendo su ritmo. Un estudio sobres los gustos melódicos ha revelado que el feto prefiere la música clásica, mientras que el rock no le gusta mucho, ya que reacciona pataleando a más no poder.

Al nacer. En este periodo, el sentido del oído ya esta desarrollado y preparado para recibir y memorizar la infinidad de sonidos del mundo exterior. El bebe reconoce los que aprendió en el vientre materno. El que más le gusta es el ritmo cardiaco de la mamá, que lo calma en cuanto apoya la cabecita en su pecho. También posee una percepción de si mismo: si escucha el llanto grabado de otros bebes, romperá a llorar, mientras que permanecerá indiferente ante el suyo.

En el primer año de vida. En esta etapa el niño no desarrolla tanto la capacidad para oír los sonidos como la de darles significado. En el primer puesto de sus preferencias se encuentra la voz de mamá, que siempre capta su atención, así como todas las voces femeninas: a los niños les encantan los sonidos más agudos. No es casualidad que tengamos la tendencia de hablar a los bebes con falsete (los norteamericanos llaman a esta forma de hablar “baby talking” que podríamos traducir como “idioma del bebe”). Se trata de un modo extremadamente eficaz de comunicarse con ellos.

 

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